Los caldos

En tiempos pasados, el Carlón fue uno de los vinos más apreciados del mundo. Como el Oporto, no tomaba el nombre de las tierras que lo producían sino del puerto que lo exportaba: el de Benicarló. Hoy en día, un brandy de Chert es una joya para iniciados y algún prometedor vinillo de Les Useres nos recuerda su gloriosa tradición y nos traslada hacia el interior:els Ports, l’Alt Maestrat, l’Alcalatén, el Alto Mijares y el Alto Palancia.
  El diamante negro
En Morella y su comarca encontramos muchas especialidades singulares, desde las sopas o las croquetas hasta los dulces flaons. Pero reparemos en la cecina y en el diamante negro de la gastronomía: la trufa. Como anécdota, comentar que la trufa ya era conocida por los romanos, que la consideraban exótica y afrodisíaca, y actualmente, tanto italianos como franceses la veneran, adaptándola a muchos platos de su cocina. Hay además setas, como los apreciados níscalos.

La patria del cordero
El cordero reina por estas tierras. Le llaman ternasco: Aragón anda cerca. De igual manera, al norte se percibe la influencia gastronómica de Cataluña y, al sur, la de la huerta de Valencia. También es ampliamente conocida la importancia de otros animales de corral, como el cerdo, la ternera o la vaca, imprescindible en multitud de platos castellonenses.

En Geldo y en l’Alcora se pirran por los caracoles. En esta última localidad, este plato es el más típico durante sus fiestas. También en Benassal los caracoles son un elemento insustituible para elaborar el conocido tombet.

Y en la sierra de Espadán, donde también encontramos alguna magnífica quesería, producen un aceite que es oro líquido.

En las comarcas del Mijares y el Palancia, tierra de ollas y cerezas, hay algo muy pertinente: el agua, extraordinaria en poblaciones como Benassal o Bejís.

Por último, el postre
Y en todas partes, desde Montanejos hasta Catí, unos dulces de profunda raigambre popular son la mejor manera de concluir un banquete. De hecho, si muchos platos de nuestra cocina han conservado la tradición, los más fieles son sin duda los postres y dulces. Así, los más típicos son: els arrops en infinidad de variedades, los frutos en almíbar y mermeladas (una manera popular y ancestral de conservar la fruta), les mongetes, las cremas (natillas), els ous de neu, los flanes, el arroz con leche, la calabaza y el boniato al horno, la leche merengada, los helados de frutas, los turrones, les neules, los buñuelos, els flaons, los mantecados, les pinyonades, els rollets... Además de la apetitosa tradición, hay buenos restaurantes de cocina contemporánea en Vinaròs, Vila-real, Viver o Castellón de la Plana.
lluís ruiz soler / m. llopis

 
 
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